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Francesc Mestre

Galerista y publicista. Ha dirigido varias galerías de arte como la Sala Adrià o la galería René Metras y, desde 2001, la galería Francesc Mestre Art. Ha sido marchante de Guinovart, Ràfols Casamada, Erwin Bechtold, Artigau o Serra de Rivera, entre otros.

ARTE Y POLÍTICA

ARTE Y POLÍTICA

Antoni Tàpies, «Democracia Parlamento». Serigrafía PT. 56 x 45 cm.

La modernidad es cosa antigua (Jean Clair).

En la Italia de Mussolini el arte oficial era el Futurismo, un movimiento progresista. En cambio, la Alemania nazi calificó de «arte degenerado» a todos los movimientos de las vanguardias del siglo XX, ya que querían que el arte exaltara los ideales que querían inculcar. Este modelo lo copió Stalin, imponiendo el realismo soviético como el arte oficial en la URSS.

Esto ocurrió después de la pugna entre Goebbels y Rosenberg, que acabó ganando el último por decisión de Hitler, pero su rival había defendido que el arte ario era justamente el expresionismo, hasta el punto de que había seducido a Munch, Nolde y el arquitecto Mies van der Rohe para que apoyaran el nazismo.

Muchos artistas procuraban acomodarse al poder. Poco se ha escrito, aunque hay evidencias, sobre el falangismo de artistas como Chillida, Palazuelo o Tàpies. En su libro de memorias, Xavier Valls exigía a los dos primeros que pidieran perdón por las agresiones que habían protagonizado en París.

A los políticos les gusta exhibir un sabor refinado del que carecen, excepto cuando lo hacen con dinero público. Mariano Rajoy escogió a Esteban Vicente para decorar la Moncloa, y veo que su sucesor lo ha respetado; si no me equivoco, diría que el artista anterior era Joan Miró.

En Cataluña, muchos de los comunicados de los últimos presidentes de la Generalitat se han hecho delante de las grandes pinturas de Torres García, que estaban destinadas a la decoración del Salón de Sant Jordi, pero ninguno de ellos las ha cambiado por las que hay actualmente, que están allí por obra y gracia del dictador Primo de Rivera, y las reuniones del Consell Executiu se hacen en la Sala Tàpies, bajo una obra de grandes dimensiones de este mismo artista.

Todo lo que rodea al mundo del arte resulta complejo. Los políticos no suelen valorar el arte, suelen mirarlo con una especie de respeto y de miedo y, en nuestro país, tienden a considerar que la cultura es la literatura, y el cine y la televisión en menor medida. Al arte plástico le dedican un presupuesto raquítico y evitan opinar. Hasta ahora, el comodín ha sido Tàpies, y diría que el próximo será Plensa.

Francesc Mestre Bas

Barcelona, noviembre 2021

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