Joaquim Martí Bas. «La guerra», litografÍa, 28 x 35 cm.
Estos días he vuelto a visitar el MNAC y me he fijado de nuevo en una obra excepcional de Joaquim Martí Bas (Barcelona 1910-París 1966), uno de los muchos artistas que murieron en el exilio. La obra se titula: “Fusilamientos en la Plaza de toros de Badajoz” – óleo sobre lienzo, 1937, 221 x 327 cm. Fue adquirida en 1937 por el Museo de Arte Moderno en la Exposición de Primavera de Barcelona. La impresión que me produce esta obra, me ha llevado a algunas reflexiones:
El expresionismo es el único «ismo» de las vanguardias históricas que todavía pervive. Actualmente, nadie diría que practica el «cubismo» o que es «futurista» o «dadaísta», mientras que en el norte de Europa hay muchos expresionistas reconocidos y admirados. En cambio, en nuestro país, es una excepción que se guarda sólo para ocasiones especiales.
Martí Bas, que es considerado cartelista y grabador, utiliza este recurso como lo hicieron Picasso con el “Guernica”, Fenosa con el “Monumento a los mártires de Oradour” e incluso Goya con “Los fusilamientos de la Moncloa”. Son obras realizadas bajo los efectos de un fuerte impacto emocional.
Resulta inquietante comprobar que, incluso estas obras fruto de la indignación y de la voluntad de denuncia, si no han sido captadas por los museos e instituciones públicas, pueden figurar en colecciones de entidades bancarias, coleccionistas con fortunas de procedencias sospechosas o en empresas del Ibex.
Incluso las encontramos utilizadas por autoridades públicas que no tienen ningún problema en manifestar una ideología claramente opuesta a la de los artistas que promocionan, como es el caso histórico de Carlos IV y Fernando VII coleccionando a Goya, hasta el Sr. Rajoy decorándose el despacho con Miró.
Por este motivo, mirando la pintura de Martí Bas y dejando aparte el fuerte impacto emocional que produce, estoy seguro de que, si se promocionara bien, se podrían hacer camisetas, abanicos y fulares para ser vendidos en las tiendas de souvenirs y, el día que venga alguna autoridad afín a los fusiladores, podría retratarse sonriendo delante de la pintura. Es lo que está pasando con el Guernica.



