Joan Hernández Pijuan. «Campos», aguafuerte y aguatinta sobre papel, ej. 15/50, 1976, 11 x 25 cm.
A finales de los años 70, cuando me encargaba de la Galería René Metras, conocí a Piero Fedeli, marchante de Lucio Fontana. Me contó una conversación que habían tenido debido a que un periodista le había preguntado a Fontana por la razón que le impulsaba a cortar las telas y él le respondió: es que busco la cuarta dimensión.
Piero le preguntó por qué había dado una respuesta tan absurda y Lucio le dijo: ¿y qué quieres que le diga, la verdad? Pues si la quieres saber es la siguiente: el día que corté la tela, me di cuenta de que ya no tenía más que decir. Tenía dos opciones; o dejaba el oficio, o iba repitiendo la acción con variantes, que es lo que hice por dos motivos. Porque así mi obra podría llegar a más gente y porque esto me permitiría mantener dignamente a mi familia.
He conocido a artistas que se han encontrado con el mismo dilema. Hace unos días pensaba en ello cuando visité la exposición que se inauguró en la Galería Marc Domènech de Hernández Pijuan, una figura con la que compartí vivencias, aunque no fui su galerista.
Su evolución artística es compleja. Pasó por distintas etapas antes de llegar a la madurez. La exposición que visité alberga las obras que más me gustan. De una elaboración muy meticulosa, llena de matices, crea espacios intensos en los que sitúa algún elemento de contraste, desde objetos de un realismo virtuoso hasta acotaciones.
Había alcanzado su plenitud. Nunca entendí que escondiese sus trabajos anteriores, que tanto ayudan a entender sus orígenes y su evolución. Posteriormente, Pijuan sintió la necesidad de dar un paso más. Se negó a copiarse a sí mismo para encontrar un nuevo camino; un cambio coherente con su trayectoria.
Que confiese mi preferencia por su obra de los años 70, no significa nada más que una opinión personal. También tengo una debilidad por la época rosa de Picasso, y por las obras de los años 30 de Miró, a la vez que agradezco que ninguno de estos dos genios se hubiesen instalado en una posición cómoda. Y, volviendo a Pijuan, valoro especialmente que, cuando le pareció que podía estancarse, intentara investigar otra vía.
Esto no quita que hay figuras que han intentado profundizar en la misma temática sin realizar un cambio perceptible: es el caso de Paul Cézanne o de Giorgio Morandi, que nos demuestran que no existe un sistema único de evolución.
Por último, debo confesar que me gusta encontrar en la trayectoria de artistas que valoro aquellas obras no exitosas que muestran intentos de búsqueda de nuevas vías de trabajo. Aprecio que hayan asumido un riesgo buscando nuevos caminos y que nos lo hayan dejado como testimonio…



