Josep Guinovart. «Madre», litografía en colores, ex. 9/10, 62 x 49 cm.
EL CASO DE ANTONI TÀPIES
Francesc Todó i Garcia (Tortosa 1922 – Les Borges del Camp 2012) fue un dibujante, pintor y grabador de la generación de los nacidos hace unos cien años. Participó en todas las actividades de renovación estética de la posguerra y fue uno de los artistas importantes de la Sala Gaspar cuando esta acogía las exposiciones de Picasso, Miró, Clavé y Tàpies, entre otros.
En 1961 apareció un libro editado por Joaquim Horta con un prólogo de Fernando Chueca Goitia: “Tres ensayos polémicos sobre la pintura de Todó”, cuyos autores son J.M. Castellet, Oriol Bohigas y Cesáreo Rodríguez Aguilera, que le consideraban un ejemplo de socialismo con rostro humano.
Cuando hizo una exposición individual del 4 al 29 de mayo de 1968 en su galería, el éxito fue tan apabullante como efímero, ya que los Gaspar le comunicaron que le excluían de la galería por imposición de Antoni Tàpies. Por este motivo, aceptó impartir un curso de pintura como profesor en la Universidad de Los Andes de Bogotá (Colombia) en 1969.
Explico esta anécdota tal y como me la narró el propio Paco Todó, ya que es paradigmática de un comportamiento tan habitual en Tàpies como silenciado por parte de sus “víctimas” e incluso por la mayoría de figuras de nuestra cultura que podrían haber hecho algo para ayudar a visibilizar a un grupo de artistas que se han quedado lejos del reconocimiento que merecen.
Esta obsesión por poner el veto a los compañeros que podían tener un prestigio sin ningún afán competitivo con nadie y menos con él, también la sufrieron, además de su primo hermano Modest Cuixart, Joan Josep Tharrats y, de una forma especial, Josep Guinovart, con quien se excedió de manera especial.
Personalmente debo decir que me gusta mucho la obra de Antoni Tàpies y creo que merece un gran reconocimiento como artista. Ha tenido, sin embargo, una sobre representación para mi gusto excesiva, procurando que en Cataluña no pudiera haber ningún otro artista de su generación que fuera merecedor de figurar, por ejemplo, como fondo de pantalla en las reuniones del Consejo Ejecutivo de la Generalitat.
Incluso me llamó la atención que, cuando murió una figura de la dimensión de Joan Brossa, con quien tanto había colaborado, su comentario consistió en manifestar que quien nos había dejado no era un artista plástico sino un poeta visual, para aclarar que se trataba de un artista de otra especialidad.
No basta con que con nuestros impuestos se mantenga su Fundación, que se ha esforzado en ocupar con sus obras todos los espacios emblemáticos que había dejado libres su predecesor en acaparamiento, J.M. Subirachs. Su sucesor, por el momento, ya ha ocupado las puertas del Liceu.
Con este Hablemos de arte me gustaría contribuir, por un lado, a interesarnos por artistas como, por ejemplo, Joan Brotat, García Vilella, Aurora Altisent, Ramon Rogent, Joan Vilacasas, Marcel Martí, Emília Xargay, Eduard Alcoy, Josep Hurtuna, Moisès Villèlia… Y sería muy importante que en los espacios públicos y en nuestras instituciones haya una selección de obras de arte de artistas mujeres y hombres que permitan conocer la riqueza creativa de nuestro país, más allá de Picasso, Miró, Dalí y del mismo Tàpies.



